Ya hace algunos unos años que hice a pie parte del Camino de Santiago (los últimos 300 kilómetros), y aún hoy sigo guardando un recuerdo muy especial de aquellos días. Sin embargo, mientras esperaba la otra noche en el aeropuerto me puse a ojear una revista y me tropecé por casualidad con el siguiente artículo, del que he hecho una traducción muy personal, y el cual creo que define de forma muy acertada qué significa El Camino, y sobre todo CAMINAR.
¿Cuáles son las razones de que un peregrinaje cristiano que comenzó en la Edad Media siga siendo tan popular siglos después?
Esta era la pregunta que todo el mundo me hacía a mi regreso a casa. Y era algo que a mí también me había fascinado y sorprendido antes de comenzar. Pero habiendo hecho mi propio camino a pie y después de haber conocido a un número incontable de peregrinos, creo que sé la respuesta.
Me sorprendió lo calmado y relajado que me sentía mientras caminaba día tras día. Experimenté la naturaleza al ritmo tranquilo que marcan los pasos. Redescubrí el lujo de una conversación sin las interrupciones ya habituales de nuestra rutina diaria. Le extraje el sabor a todo lo que comí, sintiendo que merecía cada bocado al final de la jornada. Nunca me había sentido tan en forma, tan resistente físicamente y tan a gusto con mi propio cuerpo.
En el sencillo arte de caminar reside la cordura y la sensibilidad, y éste nos brinda una oportunidad única para reflexionar, para sacudirle las telarañas a esos recuerdos olvidados de nuestra mente y para volver a recuperar las cosas importantes que se habían escurrido fuera del alcance inmediato.
El Camino ofrece un antídoto real a la cada vez más común “Sobredósis de Modernidad”. Un amigo doctor me explicó que todos nuestros sentidos trabajan mejor cuando estamos caminando porque es el estado más natural para nuestros cuerpos. El Camino ofrece un antídoto real frente a la sobredósis de Modernidad. Caminar nos recompensa con una percepción superior de lo que vemos, escuchamos y olemos mientras estimulamos los sentidos al movernos a través del paisaje. Caminar también requiere paciencia, todo un lujo en estos tiempos. Caminar, además, limita lo que podemos transportar con nosotros, simplificando nuestras vidas y colocándonos en cierto sentido al mismo nivel que el resto de los caminantes, sin importar la edad o la clase social.
Y cuando volví a casa, adivinas qué pasó? Encontré que mi pequeño mundo seguía en pie, no se había desmoronado aunque yo no hubiese estado allí, respondiendo emails en el mismo momento en el que aterrizaban en mi buzón.
Si los seres humanos somos nómadas en el fondo de nuestras almas, y muchos de nosotros pensamos así, entonces el Camino de Santiago nos regresa a esos orígenes, a uno de nuestros instintos más naturales.
Saludos desde Molina (Murcia)
Album de Fotos del Camino en Flickr














