Créeme, me emociono al recordar Islandia. Es un país, que digo un país, un parque natural inmenso y salvaje, donde la naturaleza permanece intacta e inalterada desde hace millones de años. La belleza de los paisajes (infinítamente variados) no da tregua y supera todas las expectativas. Los ojos parecen querer salirse de las órbitas a cada paso. Es, sin lugar a dudas, un lugar único y especial como pocos en el mundo.
Durante dos semanitas, acompañado esta vez del todoterreno Romero (un amigo del pueblo y de la universidad), estuvimos recorriendo en un opel corsa alquilado la única carretera (la 1, obvio no?) del país, que rodea toda la isla (algo menos de 3000 kms).
Todavía guardo la dulce impresión de haber descubierto un gran secreto: las cascadas, los géiseres, los glaciares, las grietas tectónicas que distancian América de Europa, los campos de lava, las fumarolas, los lagos de colores imposibles y aguas termales, los sandar (planicies inhospitas y desoladas), las columnas de basalto esculpidas con perfectas formas geométricas, las playas de arena negra, los arcos iris o simplemente la paz parece que hubiesen nacido aquí.
Este ha sido el último rincón de mi aventura por Europa (después de casi 7 meses), y realmente no se me ocurre mejor forma de terminar este ciclo. Seguimos en Contacto
Paco, desde Pekin (o Beijing, segun gustos)
Album de Fotos de Islandia en Flickr














