Ya te comenté que pasé unos días con los orangutanes en el parque nacional de Tanjung Puting, en Kalimantan (Borneo) en Indonesia. Sin lugar a dudas ha sido una de las experiencias más emocionantes de este viaje.
Déjame que te cuente mi primera vez con ellos. Más que un encuentro fue un encontronazo.
Acompañados de nuestro guía local, un chaval joven, desembarcamos del Klotok (barco-casa) con el que nos desplazabamos por el rio y comenzamos a caminar a través de un sendero embarrado, rodeados de la espesura caótica y húmeda habitual de la selva. Ibamos atentos, mirando hacia arriba, con la esperanza de discernir algo que se moviese. Alguien percibió movimiento a lo lejos. Un orangutan confirmó el guía, y todos nos detuvimos a contemplarlo.De hecho los orangutanes no son muy silenciosos. Son pesados y fuertes y montan un buen escándalo de ramas que doblan a su paso.

Pero son muy ágiles. Y en un visto y no visto el orangutan se colocó justo encima de nosotros. La emoción inicial se transformó en sorpresa cuando el guía gritó: MOVE! (Moveos!). Obviamente le hicimos caso, completamente inexpertos en un vis a vis con alguien tan peludo y fuertote, y empezamos a alejarnos lentamente. Pero el orangutan salió detrás de nosotros. Y el guía comenzó a ponerse nervioso, ordenándonos que avanzasemos más y más rápidos. Yo iba el primero, abriendo paso hacia vete tú a saber dónde, siguiendo aquel sendero lleno de barro, ramas y troncos. Aquello se convirtió en una carrera, corriendo por la selva, perseguidos por un orangutan, escapando hacia lo desconocido de aquel tipo enorme mientras el guía estresado continuaba gritando que avanzásemos más rápidos.
En una zona sin tantos árboles por donde poder avanzar, el orangutan se detuvo y nosotros lo aprovechamos para regresar sobre nuestros pasos, de vuelta al barco-casa.
Aún reponiéndonos del susto, el guía nos explicó entonces que el orangutan podía ser peligroso si se acercaba y que había temido por nuestra integridad. Fue sin lugar a dudas una primera vez muy emocionante.
Más tarde nos enteramos de lo había pasado realmente. El guía, algo novato, nos metió en la selva sólos, por error, sin esperar a que los biólogos residentes nos acompañasen.Y el orangutan debió pensar que nosotros ibamos a darle su ración diaria de plátanos. Por eso nos perseguía.
Album de Fotos de Orangutanes (Indonesia) en Flickr














