Hej Hej! (Hola en sueco: se pronuncia a lo Julio Iglesias)
Por algún sitio había que empezar y al final me decanté por Suecia: quería ver si de una vez por todas sentía lo que era pasar frío. Y os adelanto que alguna noche si que ha refrescado, hasta -21 grados, lo cual no me impidió rebozarme desnudo en la nieve, eso sí, tras una buena sauna.
Pero vayamos por partes.
Aterricé en Estocolmo, y quizás fuese la emoción del inicio, pero me pareció una ciudad encantadora, con una calidad de vida excelente. Multitud de islas que discurren entre canales y puentes; parques salpicados de mansiones de colores de esas que veíamos en ‘La casa de la Pradera’; cafés por todas partes; un barrio indie de tiendecillas y bares. Y todo muy limpio y ordenado.
Y es que estos suecos son gente bastante inteligente y organizada. Sin ir más lejos, hace unos 300 años,
a los 15 minutos de zarpar, y debido a una brisilla ligera, se les hundió el buque insignia de la armada (ok, un pequeño error de pesos mal repartidos le puede ocurrir a cualquiera). Resulta que en los años 50, con los escasos medios disponibles entonces, decidieron sacarlo pieza a pieza a la superficie. Con mucha paciencia y habilidad consiguieron armarlo enterito: todo un buque de guerra con 64 cañones y capacidad para más de 500 personas que se puede observar hoy en el Vasa Museet. Impresiona.
Todavía en Estocolmo, experimenté, de forma muy positiva, que existe una red de gente por el mundo quete deja dormir en su sofá (couchsurfing). Asi de simple y por la patilla. Yo me quedé un par de días en casa de James, un ex soldado británico, que llegó a hacer guardias vestido de uniforme en Buckimgham Palace. Un tío genial que me enseñó que es posible desayunar con cerveza.
De Estocolmo me dirigí en busca del frio hacia el Norte, con una pequeña parada en Uppsala (ciudad antigua universitaria). 15 horas de tren nocturno después amanecí en Kiruna, en plena Laponia: recuerdo que nevaba, de forma tan delicada que no llegan a formarse copos, sino que caen ‘estrellitas’ como las quevemos en los partes meteorológicos; todo, absolutamente todo estaba cubierto de nieve (calles, tejados, árboles, ramas, coches…); los lagos helados, sólo mostraban las huellas de los esquis y motos de nieve que habían cruzado por allí.
Había conocido a unas italianas en el tren y las acompañé a visitar el Hotel de Hielo
, que está completamente construido a base de hielo (ice), nieve(snow) y ‘snice’, lo que les permite moldearlo, crear esculturas y hasta cuadros. Cada año el hotel se derrite y el agua, que no ha sido tratada con ningún componente químico extraño vuelve al río. Muy ecológico. Adivinas de que están hechos los vasos en el bar del hotel?
Después me colé en una excursión: alternando la moto de nieve y el trineo tirado por huskies, atravesamos bosques y lagos y rios helados hasta llegar a unas cabañas de madera. El sitio era un remanso de paz y de naturaleza pura, completamente aislado. Allí conocí a 8 profes franceses, con los que estuve varios días. Intenté pescar, sin suerte, en el hielo, probé el reno (con pasta y mermelada!) y tomé una sauna auténtica (de leña), incluyendo salidas en bolas a la intemperie a -21 grados.
Sin embargo, lo mejor estaba aún porllegar. Fué en Abisko (un poco más al norte aún), donde finalmente pude disfrutar, un par de noches, de la aurora boreal.
A veces, en días despejados de mucho frio, ocurre durante la noche que en el cielo comienza a aparecer una especie de luminosidad de tonos pálidos. Poco a poco, ésta va perfilandose , hasta convertirse en verdaderos brochazos de luz verde intensa que atraviesa las estrellas. Después, como si siguiesen el ritmo de una melodía cósmica, las luces se contonean, bailan, se diluyen aquí, se intensifican allá. De vez en cuando, como si de descargas eléctricas se tratasen, van surgiendo otros colores (amarillo, rojo, azul) y recorriendo el perfil del haz principal. Me hizo pensar que alguien grande, muy grande, estaba pintando el cielo. Mereció la pena llegar hasta tan lejos.
Aún me quedé unos días más por laponia, tonificando los músculos entre el ski nórdico (las bajadas tengo que seguir trabajandolas), la escalada en paredes de hielo y las saunas.
Paco, desde Helsinki, camino de Tallin (Estonia)
Album de Fotos de Suecia en Flickr














